martes, 29 de marzo de 2011

El final del proyecto atómico nazi

En los últimos días de la II Guerra Mundial, el ministro nazi de propaganda Goebbels, anunció al mundo que Alemania estaba fabricando una "sorprendente y poderosa arma, que cambiaría el signo de la contienda dando la victoria final a Alemania".

El 15 de Abril de 1945 partió desde el puerto noruego de Kristiansand submarino alemán de transporte U-234, de la clase XB, rumbo a Japón, bajo ordenes expresas del Jefe de la Gestapo, Heinrich Müller, y del propio Adolf Hitler.

El 13 de mayo del mismo año el submarino alemán decidió rendirse. Por la zona del Atlántico en que se encontraba debía entregarse a los canadienses. Pero el capitán del navío decidió engañar a los canadienses dando sucesivas falsas posiciones, mientras se acercaba al puerto de Portsmouth (USA). El 16 de mayo de 1945 el destructor americano "USS Sutton" tomó el control del U-234 que sería entregado a las autoridades de Portsmouth el 19 de mayo de 1945.


Desde el principio se reconoció que el submarino transportaba sistemas de armas secretas muy importantes hasta Japón. Entre sus pasajeros figuraban incluso dos oficiales del ejército nipón y un general alemán. Los japoneses se suicidaron tan pronto como el capitán de U-234 les comunicó su deseo de rendirse.

En sus bodegas encontró, planos y piezas para construir cohetes similares a las V-2 (las bombas volantes), cazas a reacción y lo más sorprendente.... piezas para la construcción de gran parte de una bomba atómica de diseño nazi. Pero no acababan ahí las sorpresas, ya que en varios de los tubos destinados al transporte de torpedos se encontraron unos envases metálicos que contenían varios kilos de uranio enriquecido (U-235) altamente radiactivo.

El objetivo de ese formidable botín era que Japón construyera la bomba para así poder derrotar a los americanos que aún estaban en guerra. Pero eso nunca sucedió, ya que se transmitió el descubrimiento a la base naval de Portsmouth, donde decidieron que todo el material (incluido el uranio) fuese llevado a Los Alamos (desierto de Nuevo Méjico), donde se probaría varias semanas más tarde la primera bomba atómica.
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lunes, 28 de marzo de 2011

Smile: Big Brother is watching you

El “Gran Hermano” de Orwell, definitivamente comienza a cobrar forma en este nuevo siglo XXI, aunque en realidad hace mucho más que existe.

Diseñado por la Agencia de Seguridad Nacional De Estados Unidos, ECHELON es el sistema de vigilancia más importante del mundo. Teóricamente se utiliza para escuchar los mensajes enviados por teléfono, fax o correo electrónico desde países considerados enemigos, pero en la práctica cualquiera puede ser su objetivo. No debemos olvidar las palabras de Zbigniew Brzezinski, consejero de Seguridad Nacional bajo la presidencia de Carter, que confesó, no sin cinismo: “Cuando uno dispone de la capacidad para contar con informaciones, es muy duro imponer barreras arbitrarias respecto a su adquisición... ¿tenemos que renunciar a leer?”
¿Estamos ante el equivalente del “Gran Hermano” de Orwell?

El embrión de la red de espionaje norteamericano data del inicio de la guerra fría, cuando un primer pacto de recogida y de intercambio de informaciones denominado “Ukusa”, se estableció entre el Reino Unido y Estados Unidos. A estos dos países se unieron Canadá, Australia y Nueva Zelanda. A partir de los años 70, las estaciones de escucha implantadas en estos países empezaron a captar las señales retransmitidas hacia la Tierra por los satélites tipo INTELSAT e INMARSAT; y un centenar de satélites de observación “escuchan” las ondas: radio, teléfonos móviles, etc.

Por otra parte, todas las redes de comunicación son escuchadas: de los cables submarinos a Internet. De esta forma, cada día millones de fax, de mensajes y llamadas telefónicas del mundo entero son cribados, escogidos, seleccionados, analizados. El sistema Echelon, fue concebido como forma de interconectar (todos los sistemas de escucha) para permitirles funcionar como componentes de un todo integrado. Las estaciones de recepción por satélite captan el conjunto de los haces de satélites INTELSAT, la más importante de las cuales esta localizada en Menwith Hill, Inglaterra, situada bajo el control directo de la NSA y catalogado como el lugar más inaccesible del planeta para la inmensa mayoría de los mortales.

La masa de informaciones recogida es demasiado grande para poder ser explotada por los efectivos de los servicios de información. La clave de la interceptación reposa en potentes ordenadores que escrutan y analizan estas masas de mensajes y extraen los que presentan algún interés. Basta que, en el curso de un intercambio telefónico, por fax o por correo electrónico, se emitan palabras como “terrorismo”, “droga”, “guerrilla”, o nombres como “Castro”, “Gadafi”, “Chávez”, etc, para que toda la comunicación sea identificada, retenida y analizada.

Tras la caída del comunismo, la inteligencia aliada tuvo que buscar nuevas “misiones” que justificaran sus altos gasto de infraestructura. Y el terrorismo ha sido un “blanco” perfecto porque permite espiar no sólo a los nuevos enemigos del sistema, sino también a sus propios ciudadanos. Y parece ser que tuvieron éxito, ya que en 1999 los servicios de información norteamericanos contaron con un presupuesto anual de 26.700 millones de dólares –tanto como durante la guerra fría-. Eso no impidió los atentados terroristas del 11-S, pero ese es otro tema que tocaremos en otro momento.
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